Y ahora… ¿quién podrá despincharme?

Escrito el 12/12/2020
Pablo Moreno


Luego de que el huracán Iota azotara con toda su furia las islas de Providencia y Santa Catalina, el pasado 16 de noviembre, y de que vientos irrumpieran en lo que muchos denominaban el paraíso colombiano, arrasando viviendas, establecimientos comerciales, instituciones educativas y un sinnúmero de edificaciones, sus habitantes no salían del asombro por la destrucción de este huracán de categoría 5.
 
Pocas horas después, cuando el fenómeno natural dejó salir los habitantes de sus refugios, algunos, estupefactos, no podían creer la devastación causada. Ante esta adversidad, los isleños y raizales supieron que, como el ave fénix, debían levantarse y comenzar un proceso de reconstrucción, que con ayuda del Gobierno y las instituciones  sería más llevadero.    
 
Con  las Fuerzas Militares se inició el proceso de recolección de escombros y limpieza de calles para permitir la movilidad de los pocos vehículos que quedaron funcionando en la isla, y poder llevar de forma ágil las ayudas a quienes las necesitaban.
 
Surgió un problema que en medio de la situación retrasaba la entrega de agua, carpas y mercados, entre otros elementos vitales en medio de la emergencia. Quién lo creyera, pero las conocidas puntillas o clavos que  se encontraban  esparcidos en la vías de Providencia, jugaban en contra  y sacaban de combate a los vehículos. El único montallantas y su propietario habían sufrido afectaciones físicas y emocionales: su casa desapareció.
 
El soldado Nelson Pacheco Garzón hace parte del componente que las Fuerzas Militares destinaron para ayudar a mitigar la emergencia en Providencia. Su espíritu de solidaridad en medio de su  labo de apoyo lo llevó, de la mano de Edwin Antonio Jackson,  a solucionar  este nuevo obstáculo que se presentaba en el proceso de reconstrucción.
 
“Me ha gustado mucho. La gente siempre que les ayudo me bendice y eso me pone muy contento. Cuando estaba en mi Batallón me dijeron que debíamos venir a colaborar y eso estoy haciendo. Despinchando día y noche, estamos luchando por una buena causa: ayudar a la gente” afirma el uniformado.
 
De día y de noche junto con su compañero de fórmula, Jackson, propietario del único montallantas en Providencia, y con algunas herramientas metálicas improvisadas y sacadas de los escombros, arreglan neumáticos, ajustan frenos y cadenas, entre otras labores, de vehículos, motocicletas, camiones e incluso de maquinaria amarilla destinada por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres para la remoción de escombros.
 
“Es un gran apoyo. Nos colabora bastante y el ‘pelao’ tiene mucha experiencia en maquinaria pesada. En el oficio tengo más de 20 años y pocos tienen esa experiencia acá. Aunque no soy ‘llantero’, si puedo ver que él se desempeña muy bien”, agrega Jackson sobre el apoyo que le brinda el soldado Pacheco.
 
El montallantas, funciona en el sector conocido como Pueblo Viejo, cerca de las instalaciones del Sena, donde se ubica el puesto de mando del Ejército Nacional, que ha desplegado más de 600 hombres de diferentes especialidades, como ingenieros, comunicaciones, acción integral y sanidad.
 
Heigt Howard, otro isleño afectado por el paso del huracán, agradece la labor del militar en la reconstrucción de su isla, que lo ha acogido por más de 40 años.
 
“No hay suficiente personal y estamos muy felices con los soldados en la isla. Ellos trabajan duro por nosotros  y estamos agradecidos con toda la ayuda que el Gobierno nos ha dado en medio de esta dificultad”, señala.
 
El soldado Pacheco, oriundo del Sur de Bolívar, continuará brindando su apoyo, de manera desinteresada, para el bienestar de los habitantes de Providencia y aunque, seguramente estará esta Navidad y Año Nuevo lejos de su familia, sabe que sus padres están orgullosos de ver cómo su hijo, el menor de cinco, hoy ayuda a sus compatriotas, quienes viven los días quizás más difíciles de su vida. 
 
Al mando de las operaciones de reconstrucción humanitaria se encuentra en la isla el brigadier general Omar Esteban Sepúlveda Carvajal, Comandante del  Batallón  de Ingenieros Militares,  quien desde los primeros días convirtió las ruinas del aeropuerto en su  centro logístico y de operaciones, y de vivienda,
 
Él, con sus hombres,  dirige y conduce la remoción de escombros, ha brindado el apoyo al restablecimiento de la señal de telecomunicaciones, la realización de actividades lúdicas y recreativas para los menores junto a la Policía, la atención de heridos durante la emergencia y después de ella, entre otras actividades, aaparte de reorganizar el único montallantas que está operando en la isla.
 
Entre las labores adelantadas por los hombres al mando del general se han recolectado cerca de 3.000 toneladas de escombros y se han entregado más de 25 toneladas  de alimentos a la población que renace en medio, no de las cenizas, sino de la huella que dejó el paso del huracán Iota por la isla de Providencia.     
 
(Con el apoyo de las Fuerzas Militares)