Ligera de equipaje

Ligera de equipaje

Escrito el 21/07/2020
Cristina Murgas. Colaboradora de MUNDIARIO y directora de Comunicación Financiera e Institucional de QUUM.


¡Por fin vacaciones! Un año difícil, se quedan cortas las palabras para describirlo: lloramos por los muertos ajenos, los propios, la recesión, el hambre, el paro, las malas decisiones de quienes gobiernan, la incredulidad, la avaricia de los que se enriquecen con esta crisis… la globalidad de este mundo envuelto de repente en una pesadilla, llamada Covid-19; de la que aún no salimos. Nadie escapa y parece que no hay respuesta al grito unido de socorro, que pare ya.

A mí, particularmente cuando llegan las vacaciones siempre me da por embriagarme en llanto. Una borrachera de lágrimas –no de alcohol– que es como un chute de adrenalina, después de un gasto cardiaco disminuido o ausente. Necesito liberarme de las cargas del día a día, encima sumadle este tiempo de pruebas tan indigerible con ese virus maldito.  Han corrido muchas lágrimas en estos días y ya me siento ligera de equipaje. Entonces en forma de palabras quiero llevar un mensaje que sirva para compartir la descarga.

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Si en economía se habla del “valor compartido” para mejorar procesos económicos y sociales en las empresas que contribuyan al progreso general y no al propio únicamente, ¿por qué no llevar esa teoría del profesor Michael Porter al escenario del “dolor compartido” para minimizar el impacto de esta crisis social, aligerar el equipaje y para ayudarnos emocionalmente?

“No se puede crecer si tenemos a una comunidad derrumbándose a nuestro alrededor”, eso también lo ha dicho Porter. Yo quiero aplicar la teoría de uno de los pensadores más influyentes del mundo en el campo de la gestión empresarial a esta crisis social en la que compartir el dolor nos ayude a salir del pozo a muchos.

¿Cómo puedes compartir el dolor en 5 bocanadas de aliento?

1. Con un regalo. A mí me han susurrado estos días un mensaje que se me quedó clavado en el alma “no se puede rectificar lo que uno no acepta”. Es primordial afrontar para rectificar y volver a vivir con ilusión positiva-real. Una lección de resistencia de un experto en talento humano, Frank Loris, que a través de la afectividad ha dado un empujoncito a mi vida.

Como no todo lo hace el dinero para aprender de maestros en conferencias como las de Loris y quiero que este mensaje haga eco y, ayude a otros como a mí, te lo regalo sin permiso del señor Loris. Lo que es bueno se comparte, eso lo he aprendido de la economía colaborativa que en los últimos años ha reconvertido también al mundo de los negocios, de los consumidores, de la innovación, la transformación digital y a nosotros mismos.

2. Apóyate en una red ya sea de amigos, de la iglesia, de personas que, aunque no conozcas están dispuestas a escuchar.  A veces no vemos con los ojos ni escuchamos con los oídos –bíblicamente hablando– porque estamos dejando el alma ausente. A mí, la lección anterior me ayudo a aceptar para rectificar. ¿Cómo? Reconociéndolo.

Entonces en un simple chat, entre colegas de madres del colegio, fui capaz de soltar mi dolor. Entre un batallón de 170 mujeres que integran un grupo de whatsapp creado con “la intención de ayudarnos en todo lo que podamos necesitar en el día a día”, bajo el nombre “Entre Nosotras”. La fuerza de las palabras de ánimo es un bálsamo de energía que te hace resucitar. Ros, una de las 170, me dijo “Al final siempre hay una salida ¡Sigue luchando, vale la pena!”.

3. Aun cuando pierdas el sentido, intenta nadar contra corriente. En septiembre del pasado año, las estadísticas indicaban que cada dos horas y media se suicidaba una persona en España, 10 al día. A veces se pierde el sentido de vida ante un dolor emocional intenso y este año es dura la batalla. Yo también he querido tener siete vidas, estar en la última y que alguien me ayudase a disparar el gatillo. Pero una vez leí que hablar del suicidio no lo aumenta, por el contrario, lo ayuda a prevenir. El suicidio y la depresión pueden ser la epidemia que no vemos hasta que saltan en las noticias.

Hemos enfermado mucho más este año, de soledad con el confinamiento, hay más matrimonios en crisis, hijos rebeldes, ganas de escapar lejos sin dinero para un billete de vuelta, solo correr o saltar a un abismo.

Antes de tomar una decisión tan cruel con uno mismo, el egoísmo no puede matarnos. Buscar ayuda, leer un mensaje de esperanza, rezar, llorar, regalar a otros tu desilusión. Sí, leíste bien “regalar tu desilusión ayuda a reconducir el camino porque ese otro puede tener una pesadilla peor y escucharte hace pensar cómo esquivar tanto dolor”.

4. Haz una lista de deseos.  Como el título de la película de María León, Victoria Abril y Silvia Alonso en la cartelera actual. Llena de realismo mágico y de surrealismo, pero los deseos, por más imposibles que parezcan, nos ayudan a tener ganas de seguir remando. La vida viene y va, lo dice la Mari de Chambao… el dolor nos enseñará a crecer y el miedo sanará.

#CadaDíaEsUnRegalo, una lección de agradecimiento de una madre coraje que no es de película, si no de carne y hueso, de la que tengo la suerte de aprender.  Ella ha dejado de dormir para cuidar el sueño y la respiración de uno de sus hijos que nació con el síndrome de Ondine, un trastorno del sistema nervioso central en el cual el control autonómico de la respiración está ausente.

5. Hay que espolear con firmeza esta vida para reconducir el camino. Los colosos de la música son un ejemplo de que en las más duras batallas se puede sacar lo mejor de uno mismo, o al menos intentarlo.  La ira, la sordera, el mal carácter, los problemas de infancia sacaron de Beethoven sus nueve sinfonías, sus cinco conciertos para piano y orquesta, sus 30 bellas sonatas.

Tampoco fue todo ballet en la vida de Chaikovski y nos regaló talento y belleza para la eternidad con El lago de los cisnes, El cascanueces o Romeo y Julieta. Schubert, Richard Wagner, Schumann, Bach, ... entre desequilibrios emocionales nos han dado sus mejores conciertos. Intenta reconstruir el tuyo, mientras… yo sigo armando las piezas de mi propio rompecabezas recordando donde “Nació mi poesía", la clásica canción del compositor Fernando Dangond, interpretada por Andrea Griminelli, que me transporta al nido donde nací, a las entrañas de mi madre, que también me da fuerzas para luchar.


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