Los días por venir

Los días por venir

Escrito el 03/09/2018
Pedro Medellín Torres


El optimismo que produjo la victoria electoral de Iván Duque en las presidenciales de junio pasado, ha cedido muy pronto. El aumento en 20 puntos de desaprobación presidencial entre el 10 y el 24 de agosto, revela bien el estado de animo de los colombianos. Se esperaba que desde la posesión misma, el Presidente diera un golpe de mando, no sólo anunciando el fin de los gobiernos de la mermelada, sino también informando al país cual sería el camino de la reforma tributaria, la reforma a las pensiones y la –urgentísima- reforma a la justicia.

Pese a que, con los nombramientos de los ministros y los altos cargos del Estado quedó claro el fin de la “mermelada”, el errático manejo sobre lo que sería el contenido de la reforma tributaria (sobre todo con el iva para la canasta familiar) y el gravísimo silencio sobre la reforma a la justicia, han dejado sin piso y sin aire a la gestión presidencial.

Los esfuerzos del nuevo presidente por asumir el liderazgo del país, chocan de frente con un ambiente de polarización que, antes de ceder, se profundiza. La política esta girando a tal velocidad y con tal volatilidad, que todos están cayendo caído en el peor de los mundos. El gobierno no logra armar una coalición política confiable y todavía no estructura una agenda legislativa que envíe la señal de que está controlando la situación. Y lo peor, es que Vargas Lleras se le esta adelantando en la presentación de los proyectos claves para la legislatura. 

Por su parte, la oposición todavía no se acomoda. No saca provecho de los errores políticos del gobierno. Es más. Creo que ni siquiera los percibe. Todavía no supera el fracaso de las marchas populares anunciadas para el 7 de agosto. 

Los partidos tradicionales, que habían pasado con facilidad del uribismo al santismo (y habían vuelto), ya no saben que hacer. Si declararse independiente, irse a la  oposición,  o entrar a la coalición del gobierno. Nadie muestra claridad. 

Y mientras que los empresarios, que luego de la elección habían retomado el optimismo, están comenzando a reconsiderar sus decisiones de inversión, la presión de los medios de comunicación, exigiendo a los nuevos ministros resultados frente a problemas que están por fuera de su control (sin importar que apenas completan tres semanas al frente de sus cargos), está creando una sensación de desorden e imprevisión.

El escenario hoy no podía ser más difícil para el nuevo Presidente de los colombianos. Los amigos políticos del gobierno comienzan a cuestionar el  activismo del Presidente, sin que haya decisiones políticas de fondo. El silencio en materia de reforma a la justicia, sobre todo después de una consulta en la que 11 millones 600 mil colombianos han dicho basta a los corruptos, le está causando demasiado daño al gobierno. Ni siquiera el buen manejo que le dio Duque a la consulta, ha servido para contener la angustia ciudadana que deja la inacción frente a la corrupción en la justicia.   

Para los analistas, es evidente en la casa de Nariño la ausencia de un 10 armador que reparta el juego y asegure el buen curso del gobierno, mientras el Presidente le pone la cara a los problemas que le dejo como herencia el desastre del gobierno anterior.

Si el gobierno no logra reversar la situación, muy pronto va a tener que hacer un ajuste de gabinete que recomponga las cargas y le de nuevos contenidos políticos a la acción gubernamental. Los días por venir serán muy difíciles. Y Duque va a tener que emplearse a fondo. Ojala logre sortear la tempestad. El país lo necesita.