La desmemoria de los ingratos; El retorno del leproso agradecido

La desmemoria de los ingratos; El retorno del leproso agradecido

Escrito el 15/04/2019
Guillermo Aguirre


**Poco a poco se extiende entre los que habitamos este planeta, la desgracia de la ingratitud ** 
Sucede que ahora muchos que recibieron apoyos para un proyecto político, económico, o incluso cultural, en lugar de agradecer, terminan agrediendo a sus benefactores 
** Este fenómeno muy repetido entre las nueva generaciones afecta al sector políticos, donde nuevos valores fueron impulsados por políticos de carrera a los que luego los consideraron sus enemigos ** La ingratitud es el fruto de un corazón egoísta, que lo exige todo, sin aportar nada para merecer lo recibido, y que aún considera que nada de lo que recibe es suficiente. **Se podría decir que existen tres tipos de ingratitud: los que se niegan a reciprocar un favor, los que lo callan y los que lo olvidan 
Sin duda que uno de los problemas más graves de nuestro tiempo es la ingratitud, esa conducta que asumimos porque nos consideramos merecedores de todo tipo de favores, bienes y bendiciones, así que cuando alguien nos da la mano, concluimos que realmente lo hizo porque nosotros lo merecíamos, no porque ese alguien fuese generoso, tuviese fe en nosotros, o simplemente le caímos bien y le agradamos para estar en algún proyecto en el que nos metió y nos dio fortuna, por una decisión personal, pero no, ocurre que nada de lo que nos dan generosamente es bien valorado por nosotros, así que terminamos agrediendo o maltratando incluso a nuestros benefactores. 
Cuantas veces por ejemplo una maestra o maestro, cambió nuestra vida por su cariño, por la fe que nos tuvo, por la manera en que nos mostró y enseñó la cultura, las ciencias, las artes, las letras, y el amor por el conocimiento, y cuando comentamos esto con alguien y le decimos que queremos ir a buscar a ese maestro que nos hizo triunfadores, nuestro interlocutor nos dice que para eso le pagan al profe, que no hay motivo para agradecer, así que un acto que iba a ser de gratitud, que iba a motivar al maestro o maestra para seguir amando a sus alumnos, termina en la nada, y es que uno de los problemas de nuestro tiempo es sin duda la ingratitud, o la falta de agradecimiento, como usted lo entienda mejor. 
Y miren que esta conducta de no agradecer, de pedir favores y luego olvidar al que nos lo hizo, no es nada nuevo, nació casi con la humanidad misma, tan sólo les relataré una historia que se encuentra en la Biblia, en el evangelio de San Lucas, capítulo, versículos 11 al 19, que a la letra dice: 
“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro 10 hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, maestro, ten misericordia de nostros!, cuando EL los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era Samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿ no son diez los que fueron limpiados? y los nueve,¿ dónde están?.¿ no hubo quién volviese y diese gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: levántate, vete; tu fe te ha salvado….de este relato deduzco que la ingratitud es parte de la humanidad misma, lo que no quiere decir que esto sea correcto, más bien diríamos que ser ingrato, o no ser agradecidos por muchos favores que uno recibe, es falta de reconocimiento a los que tienen más poder que nosotros, es falta de humildad, esa humildad tan escasa hoy día. 
Sin embargo en este relato de Lucas de esta ocasión en que Jesús sanó a diez leprosos y sólo uno regresó a darle gracias. Ante la pregunta de JESUS, al único que regresó: ¿En dónde estaban los otros nueve? , algunos que no quieren ser tan inflexibles con los faltos de gratitud, dicen que tal vez estaban tan contentos que corrieron a comunicar la buena noticia a su familia y a amigos. De seguro que a todos les decían lo agradecidos que estaban con Jesús; pero a él no se lo dijeron... El error de los leprosos no estuvo en su ingratitud, sino en su silencio...¿será? 
Dicen que el primer ingrato de la historia fue Adán porque Eva le abrió las puertas del conocimiento convidándole de aquella manzana y él, por supuesto, le armó una escena. También, es cierto que sobre esa historia hay versiones que apuntan a lo contrario (que la primera ingrata de la historia fue Eva), pero no se trata de echar culpas… El tema, es que hablar de ingratitud es completamente subjetivo. ¿Cómo cuantificarla? ¿Cómo saber qué tanto es tantito para compensar el esfuerzo o las atenciones que se le dedican a algo ó a alguien? 
La ingratitud es el fruto de un corazón egoista, que lo exige todo, sin aportar nada para merecer lo recibido, y que aún considera que nada de lo que recibe es suficiente. 
Actuamos según lo que tenemos en el corazón, pero aunque alimentemos a un ingrato, este terminara destrozando nuestra buena voluntad. 
La ingratitud es la única manera que conocen los sujetos mediocres para pagar un don, son sujetos soberbios, que suelen, si reciben un agravio, cincelarlo para siempre en cemento, y si reciben un bien, hacen un trazo fugaz en el polvo. Quevedo, sabiamente decía que "los que reciben un bien que no merecen, pocas veces lo agradecen". Y decía también que la ingratitud es la hermana menor de la traición, y por ello son semejantes en que nunca se esperan, duelen enormemente y no hay forma de aliviar el daño que causan. 
Se podría decir que existen tres tipos de ingratitud: los que se niegan a reciprocar un favor, los que lo callan y los que lo olvidan. 
Sí somos capaces de discernir el bien y el mal; cabe, entonces, que podemos inclinarnos por la evitación de lo más degradante, como ocurre con la traición y la ingratitud, partes oscuras de la esencia humana, porque aunque la ingratitud no descorazona a la verdadera caridad, si sirve de pretexto al egoísmo. 
El descaro del ingrato es que siempre quiere que le den oportunidades y que todos le sirvan, pero la verdad que oculta es su invalidez ética, puesto que la ingratitud proviene, generalmente, de la imposibilidad de pagar. 
Algunos sufrimos porque no comprendemos al ingrato; algunos mal agradecidos nos odian después de haberles ayudado, sin ninguna justificación nos quitan el habla, y nos desprecian ante los demás. 
Y es que quizá sientan vergüenza de sí mismos, porque quien recibe lo que no merece, no lo agradece. 
Y la ingratitud siempre deja una marca de amargura y decepción en personas que no merecerían ese dolor. Y es que ante la ingratitud no hay consuelo posible. No hay manera de parar la creciente sensación de vacío que carcome el espíritu sobre el que despliegan su oscuro vuelo dos aves de rapiña: la apatía y la tristeza. 
Es necesario decir que en muchos casos, la ingratitud es un problema de comunicación más que de sentimientos. Y es que la gratitud que no se expresa, se disminuye o se anula en su silencio; pero no nos damos cuenta 
Sin embargo, cuando la ingratitud es una distorsión ética del carácter que lleva a la gente a no agradecer porque es mala y abusiva, puede ser terriblemente dañina para sociedades enteras, como es el caso de esos políticos ingratos con sus votantes, los alumnos olvidados de sus maestros, los hijos de sus ancianos padres, etc.etc... 
Y es así como los traidores, los envidiosos, los avariciosos, los orgullosos, tienen ese germen de la ingratitud en sus actos, como un vicio de origen. 
Así pues, la ingratitud es una seudo-superioridad, un silencio omiso y una carencia de bondad. Pero también es un problema de educación... Decir "gracias" es una expresión virtuosa, de educación, de cultura y de decencia, siempre y cuando se exprese con sinceridad. Y esto implica enseñar a los niños con nuestro ejemplo, no solamente a ser agradecidos, sino también a ser sinceros. 
La palabra virtud deriva de la raíz latina vir que significa fuerza y ciertamente todas las facultades que los clásicos llamaban virtudes hacen a los hombres más fuertes y mejores. Además, la felicidad está del lado del bien y por lo tanto de la virtud. Ser generosos y agradecidos nos hace en definitiva más felices. La cuestión es si se nace o se hace, si se es por naturaleza o se puede adquirir, si es cuestión de genética o de educación y aprendizaje. Probablemente haya algo de cada cosa, a la genética no podemos cambiarla, pero sí podemos hacer por aprender, por educar y educarnos…hasta mañana