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Aún estamos a tiempo

Escrito el 14/11/2018
Camilo Pérez-Manrique Facultad de Ingeniería Universidad de Buenos Aires


Siempre fuimos de hablar de nuestros defectos, como país, como sociedad, siempre disfrutamos de alguna manera de hacer énfasis en lo que está mal, pero jamás logramos articular esa crítica en el primer paso para emprender una propuesta.

El escenario es complicado, las facciones progresistas encontraron el nicho en el pesimismo para hacerse con la cara de ‘la política diferente’. Iván Duque se parece tanto a Santos que ha sido imposible controvertir la idea de que ‘hace décadas nos gobiernan los mismos’.

Ya nadie tiene en la memoria quien era Uribe Vélez en el 2001 y que significaba o porque fue electo, ya paso tanto tiempo que la sociedad vive una resaca de ‘estática política’ que sin retorno lo llevara a elegir ‘lo distinto’. 8 millones votaron al izquierdista Gustavo Petro sin importar más, desean y anhelan dinámica, que la sociedad vea algo distinto y el camino parece tan claro que oponerse parece una tarea de simple protocolo.

Hoy escribo con tristeza, con desaliento, creo que el gobierno de Santos no solo tiene tras la cortina la corrupción más grande de la historia del país, sino que ahora todo se ensucia con tintes de mafia y muerte, con casos rarísimos que entrelazan homicidios, contratos oscuros, coimas y justicia corrupta.

Desmontar el armado político de Santos y diferenciarse con vehemencia sería el único camino que haría de Duque un presidente que encamine en solo 4 años al país hacia políticas de libertad, prosperidad económica, seguridad y justicia independiente. Pero en 100 días no ha sido así, las reformas económicas propuestas no solo son impopulares sino impracticables, es todo tan complejo desde el diseño que parece hecho para no cumplirlo, el pragmatismo no aparece y las dudas si, las contradicciones son frecuentes y esas voces disonantes contrastan con una unidad en la oposición que no ha perdido un solo minuto en utilizar la falta de personalidad y liderazgo para deslegitimar todo el entorno del ejecutivo.

Es la consecuencia lógica del caudillismo, nadie lidera tras el uno, enfrentar la ola de inconformismo que ya viene de años sabiendo que no habrá reelección parece una fantasía, no estamos en el 2011, el pueblo no da más oportunidades y los movimientos gremiales aprietan, ahora si aprietan de verdad porque tienen más voz que nunca, al que nunca se le escucho hoy se le escucha porque es el distinto y el que ‘no está untado de nada’.

Bajemos la cabeza y entendamos de una vez por todas que, si no se trabaja con responsabilidad y con unidad cada día, las elecciones se pierden. La República acaba cuando quien no cree en ella llega al poder. Aun estamos a tiempo presidente.